lunes, 24 de enero de 2011

La fiesta del Ekeko, entre el mito, la realidad y el sincretismo

Miles de bolivianos se agolparon al mediodía del lunes en iglesias y parroquias católicas para pedir al Ekeko, un diosecillo pagano regordete y cargado de bienes, prosperidad y fortuna, en una muestra incontrastable de sincretismo religioso que concentra la secular y la vez singular fiesta de la miniatura, fuertemente anclada en la cultura de los Andes de Bolivia.

Creyentes a rajatabla que los bienes en miniatura -adquiridos con dinero corriente y real de manos de talentosos artesanos criollos- se harán realidad, cuando, durante el año, opere un milagro, los bolivianos de todas las clases y orígenes étnicos y culturales, esperaron el mediodía al pie de emplazamientos católicos para recibir la bendición de un cura.

Casas perfectamente talladas y en algunos casos a escala, automóviles de alta gama hechos de hojalata, pequeños saquillos con harina, arroz, azúcar y fideos y, lo que es más, cientos de millones de billetes, bolivianos, dólares y euros en miniatura, entre otros bienes, como títulos profesionales y permisos estatales para conducir, adquirieron los miles de creyentes que luego repletaron los centros católicos de oración y liturgia.

Emplazados cerca de Jesucristo en la cruz y su madre, la Virgen María, de hinojos, en algunos casos al pie del púlpito, los creyentes pugnaron para que las aguas benditas que lanzaba, a manera de abluciones, un monaguillo se posaran en los bienes con fe indestructible comprados en las calles.

La tradición manda a que aquel que compró una casa en miniatura construya una en la realidad durante el año.

Lo mismo, que automóvil, papel moneda y alimentos adquirió.

"Bolivianos, dólares, euros, compre, con fe, caserito", gritaba una mujer, más cerca de los 70 que de los 50 años, que miraba con ansiedad su reloj a la espera que desgranen las 12, cuando los deseos truncos por años se cumplen.

Fuera de los recintos católicos, el Ekeko, una deidad andina expulsada por licenciosa de los hielos sempiternos de los Andes, tuteladas por los Achachilas, se enseñorea entre los creyentes que, fieles a la tradición, se desplazan presurosos por calles y avenidas atestadas por los 'alasiteros'.

Alasita quiere decir, en lengua aymara, "cómprame" y, según la leyenda, devino en tradición desde 1781, cuando el gobernador español Sebastián Segurola mandó a proscribirle después de sofocar una rebelión de indígenas andinos en cabeza de Túpac Katari, hoy fuente de inspiración de la revolución en democracia que lidera el presidente indio Evo Morales.

Mejor conocida como el 'Cerco a La Paz', esta historia hizo célebre a Katari que en oposición a la esclavitud de los suyos bloqueó el ingreso de alimentos a La Paz, cuya población hambrienta terminó comienzo incluso de curo de vacunos y perros. Eso hace 230 años.
El mismo Morales salió de su despacho poco antes del mediodía y se instaló en medio de la feria, en el centro de La Paz.

En un intento por hacer ver lo mucho que puede desarrollar Bolivia, el mandatario dijo que "es importante pensar en la familia grande que es la patria para que se desarrolle" al inaugurar la fiesta de la miniatura y la esperanza.

Las Alasitas también se celebran con fervor en el sur de Perú y norte de Argentina y los bolivianos migrantes la han exportado a varios sitios de Europa, donde despierta un interés turístico.

Hanga Gelli, egresada de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Potsdam, norte de Alemania, cerca de Berlín, tiene premura y contesta con cortantes monosílabos las preguntas de este periodista de la ABI.

"Busco un título de maestría en Trabajo Social, el año pasado lo compré y sé que voy a adquirirlo", afirma la alemana de 25 años, de tez canela, de hermosos ojos amielados y cabello pintado de rojo púrpura, que labora hace un año en una ONG que trata 'Chicos de la calle' en la ciudad vecina de El Alto.

El cuerpo diplomático acreditado en Bolivia se volcó a la feria, entre la curiosidad y la convicción y algunos de sus representantes se dejaron llevar, en medio de sonrisas amables, por la tradición de los paceños y de quienes viven hace años en esta ciudad andina y aymara.

La fiesta cargada de creencias indestructibles y con el despliegue de una parafernalia sin igual, se extenderá por 3 ó 4 semanas, o quien sabe más, hasta que los artesanos acaben la producción que trabajaron sin resuello durante 49 de las 52 semanas del último año.
ABI


Las Alasitas y el Ekeko, expresiones de fé en el mundo andino

Vea también:
Presidente Evo Morales inauguró la Feria de la Alasita 2008 en la ciudad de La Paz

0 comentarios: