jueves, 27 de enero de 2011

Comunidades hacen todo lo posible contra escasez y especulación de alimentos

En algunas comunidades del país piden tiendas del Estado como en las ciudades para aprovisionarse de alimentos, cuyos precios se incrementaron en los mercados. En otras, cruzan la frontera y allí encuentran costos más accesibles, especialmente del azúcar y el aceite.

La crisis golpea más a los municipios rurales, en las que incluso los valores de los productos de la canasta familiar son mayores a los de las ciudades, según reportes de las emisoras aliadas de la red Erbol.

En Reyes, en el Beni, consideran que la emisión y la posterior abrogación del Decreto Supremo 748 ahondaron el problema. “Hay artículos de primera necesidad en el mercado local; sin embargo, los precios se incrementaron”, dijo uno de los vecinos.

En el municipio, los precios todavía no llegaron al nivel de antes del 26 de diciembre de 2010, el día en que el vicepresidente Álvaro García Linera anunció el incremento del costos de la gasolina y el diesel. Eso también pasa en Santa Ana del Yacuma, Beni.

Allí, no hay azúcar, y la mayoría de los alimentos se encuentran en almacenes de los privados. En ese municipio de la Amazonía del país el azúcar se vende entre ocho a 10 bolivianos el kilo, y en otros lugares la venta se combina con papa, cebolla y demás alimentos. Los otros productos no escasean, pero se incrementaron parcialmente tras el “gasolinazo”.

Sin embargo, en ese afán de hacer lo imposible para aprovisionarse de alimentos, los vecinos se topan con los comerciantes, que incluso desobedecen resoluciones de las autoridades municipales. Eso pasa en Entre Ríos, provincia O’Connor, en Tarija. Allí, la Alcaldía fijó un precio, pero al menos el azúcar y el pollo se venden a precios por encima de la banda regulada.

El contrabando, la especulación, la escasez y la ausencia de productos son también notorios en el altiplano. En Mecapaca, a 20 kilómetros al sur de La Paz, la falta de arroz, azúcar, fideo, aceite y pan, pone en conflicto a las familias, los comerciantes y agricultores, que –en su desesperación— piden al Gobierno mayor contundencia ante el problema.

En ese municipio los vecinos creen que pierden tiempo al ir a la ciudad, La Paz, e intentar comprar comida en las tiendas de Emapa. Quisieran que el Gobierno les venda alimentos en el lugar donde viven.

Según reportó radio Maya, de la red Erbol, en la provincia Aroma hay amenazas incluso para los comerciantes, a quienes pretenden arrebatarles pan, arroz o azúcar.

Pero la desesperación también genera ingenio. Muchos vecinos de Copacabana, en la provincia Manko Kápac de La Paz, optaron por trasladarse a la población fronteriza de Yunguyo, a diez kilómetros de la ciudad lacustre. Allí los productos tienen costos menores en relación a Bolivia.
El Gobierno todavía no ha logrado la ola de especulación, escasez y precios altos. Esto a un mes del fallido gasolinazo, que tiene aún secuelas en el abastecimiento y la economía de las familias.
Erbol

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