Eran otros tiempos cuando en las aguas dulces del río Mauri abundaban peces, como la trucha, para la comercialización y consumo de los pobladores de comunidades bolivianas aledañas a esta cuenca, que une a las naciones de Perú y Bolivia. Desde hace diez años el panorama cambió, después de que el gobierno peruano inició el trasvase de la cuenca alta de ese río hacia el Tacna.
Las aguas de este afluente disminuyeron en un treinta por ciento de su totalidad y a su alrededor la arena se abre paso delineando su recorrido. En la superficie las rocas afloran rodeadas de algunas algas que de a poco se van perdiendo o secando.
“La cantidad de peces ha reducido, casi al borde de desaparecer al igual que las ranas, que eran importantes para que pueda llover en este lado de Bolivia”, cuenta el Mallku Félix Burgoa de la comunidad de Charaña de la provincia Pacajes del Departamento boliviano de La Paz. Burgoa aceptó ser el guía del Periódico Digital de la Red Erbol en su visita a esa región fronteriza.
En el lado peruano los canales: Calachaca, Chuapalca y Patapujo, ya concluidos en su construcción de cemento para continuar desviando el río Mauri ahora por estos nuevos conductos, se abren como serpientes sedientas a la espera de succionar la mayor cantidad del líquido vital.
Los mencionados canales de agua tienen una profundidad aproximada de dos metros, un ancho de al menos cuatro metros y una longitud que se extiende a 143.10 kilómetros hacia el lado peruano.
El panorama en esa región andina es desolador y frígido; sin embargo, en la zona fronteriza de ambos países el clima parece ensañarse aún más con sus habitantes; viento y tierra danzan gran parte del día, el sol casi no calienta y la helada parece haber encontrado su estadía en ese lugar.
Pero ese panorama parece no importar a los pobladores que viven en esas regiones, quienes apostados alrededores del río Mauri se muestran preocupados por su prematura desaparición.
“Los jóvenes hasta podían nadar en el río, porque era hondo, pero cuando no hacía mucho frío (…) sino uno se congela si se queda mucho tiempo en el agua”, cuenta Virginia Burgoa, una mujer de pelo encanecido y arrugas marcadas en el rostro, que delatan que el tiempo no pasó en vano; aunque la fuerza en sus brazos y piernas aún sigan de roble.
Primeras consecuencias
El altiplano se tiñe de negro. Los peces van despareciendo. A falta de agua el alimento del ganado camélido es escaso. La casi invisible vegetación se va secando bajo los rayos implacables del sol y el verde húmedo de otras épocas ahora se expande como una alfombra espinosa decolorada.
Max Tancara, un ganadero desde muy joven, no puede creer lo que pasa en el lugar y cómo sus esperanzas se desvanecen todos los días.
“Estos (racimos de espinas) no pueden comer las llamas, los animales pueden atorarse y hasta cotarse la garganta lo que podría provocar hasta la muerte”, dice impotente Tancara, quien dejó sus estudios universitarios para dedicarse a la cría y comercio de camélidos.
La consecuencia más dramática del desvío es la succión total del río Huch’usuma, que desde hace diez años se encuentra como una vena completamente desangrada sin una gota de agua y más aun en épocas secas. Ahora el lugar de las aguas es ocupada por cascajos de piedrecillas mezcladas con maleza, que sirven de nido para los lagartos.
“Todos necesitamos del agua. Perú tiene derecho al agua pero no tiene derecho a dejarnos sin una gota a nosotros (los bolivianos). No piensan en toda la gente”, protesta Juana Condori, conocida como la “mama” por los lugareños, ya que a sus setenta años ha apoyado criando y cuidando al menos a veinte niños, entre huérfanos, abandonados y otros. ... leer más
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sábado, 27 de junio de 2009
Perú seca el río Mauri dejando desolación y muerte en varias comunidades de Bolivia
Publicado por Admin en 11:51
Etiquetas: bolivia, charaña, desvió de aguas, frontera bolivia, junio 2009, Perú, río Huch’usuma, rio mauri
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